Lo que iba a ser el Laboratorio de Energía Solar Termoeléctrica acabó convirtiéndose en una estructura que los vecinos conocen con un nombre mucho más simple: la parabólica. Y en el tránsito entre un proyecto que se anunciaba como innovador y el fiasco se derrocharon varios millones de euros del erario público. Queda el consuelo de que un mínimo porcentaje de los seis millones de personas que visitan anualmente Tenerife se acerca hasta El Médano para contemplarla, así como sus instalaciones complementarias, que se encuentran en un lento e imparable proceso de oxidación.
Todo se
desarrolló en un corto espacio de tiempo: el transcurrido entre los años 2008 y
2009. El promotor del proyecto, cuyo objetivo era utilizar la energía solar
para generar electricidad e hidrógeno, lo hizo público en 2006. Después de
haber recibido una subvención del Ministerio de Industria, en 2007, ejecutó la
obra, con un presupuesto inicial de cinco millones de euros (para la primera
fase), y ciento once destinados a la segunda.
La estructura,
con forma de antena y 26 metros de diámetro, estaba dotada de unos dispositivos
que le permitía girar para seguir el movimiento del sol y estaba recubierta de
espejos destinados a concentrar la luz solar en un acumulador, donde la energía
se almacenaba químicamente en forma de metanol. En el plan previsto figuraba la
instalación de tres estructuras idénticas, y los responsables del proyecto anunciaron
que también podría producir cristales de sílice, que se usa en la fabricación de semiconductores para la industria electrónica, la iluminación o la fotografía, en aleaciones y en la producción de vidrio y cerámica.
Como es
habitual en iniciativas de una notable envergadura económica, quienes la
pusieron en marcha aguardaban despertar el interés de algún inversor.
Pero resulta que lo que iba a ser el Laboratorio de Energía Solar Termodinámica y acabó convirtiéndose en una antena oxidada fue construido en unos terrenos rústicos y sin licencia urbanística, cerca de una zona residencial de El Médano y de un paisaje protegido, la Montaña Pelada. Los vecinos protestaron ante el peligro potencial que supondría el almacenamiento de metanol, y las obras fueron paradas en 2009.
Cuatro años
después, la Audiencia Nacional desestimó una demanda presentada por la empresa
constructora en la que les
reclamaba a los ministerios de Trabajo, Justicia y Medio Ambiente, al Ayuntamiento de Granadilla de Abona y al Gobierno de Canarias una indemnización de 50 millones de euros.
Con sus
torres, similares a los de los pozos petrolíferos, y la antena, este complejo
muestra la estética de un arrabal industrial y decadente de una ciudad colapsada
por una catástrofe, con sus paisajes desérticos y polvorientos que recubre una
luz anaranjada al atardecer, cuando el sol cae por el horizonte oceánico, y
bien podría servir de escenario para el rodaje de películas como Blade Runner, en la que su director, Ridley Scott, recrea el éxodo de miles de personas que abandonan la Tierra para conquistar el
espacio y escapar de las grandes ciudades, que se habían vuelto inhabitables.
En algunas
webs utilizan adjetivos como “maravilloso”, “curioso” o “interesante” para
describir este complejo, proyectado con la finalidad de alcanzar la
autosuficiencia energética, que se está convirtiendo en el destino de
aficionados a la fotografía y el vídeo y en un vertedero incontrolado.

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