Tribunal ilegítimo, sentencia nula

A las dos y media de la madrugada del día 27 de julio del año 1937 se presentan dos guardias en la celda del edificio donde está preso Pancho Varela (Francisco Eloy Agapito Constantino Varela Garrido), situado en la Praza da Feira de Pontevedra. En una cuadra anexa están los caballos. Un funcionario lee la sentencia, la comitiva que lo acompaña sabe que le quedan pocas horas de vida, pero no por eso deja de cumplir el reglamento y le ofrece una copia del fallo, que rechaza.

“Acto seguido, fue conducido a la sala destinada a Capilla, que se encuentra enclavada en el piso de abajo del cuartelillo de la Guardia Civil de esta ciudad, haciéndole saber que podía pedir los auxilios que necesitase, compatibles con su situación, a lo que el reo contesta que nada tenía que pedir”. Es la prosa fría de la Causa 1306/36, abierta por un supuesto delito de “rebelión militar”.

La muerte madruga. Son las cinco y media, el pelotón de fusilamiento está formado en un terreno en pendiente, ubicado en la Avenida de Buenos Aires. “Colocado el reo en dicho campo, frente al piquete, fue dada la orden de fuego, recibiendo aquel cinco balazos, tres en el tórax y dos en la región precordial”, figura en el citado sumario. Un médico determina que falleció “por un colapso cardíaco”. Pancho Varela tenía 39 años.

Un fragmento de la sentencia

Numeriano Mathé y Pedroche presidía el Consejo de Guerra Permanente, formado en el edificio de la Deputación Provincial, que lo condenó a muerte el día 16 de abril de 1937. Diez años después, un periódico lo calificaba de “persona de gran bondad para cuantos tuvieron la dicha de tratarlo”. Lo formaban: Ramón Rivero de Aguilar, cuyos restos y los de su familia tienen espacios reservados en lugares de culto; Antonio Fontenla Romero, que estuvo al frente del campo de concentración de Camposancos (A Guarda), los exalcaldes de A Estrada y A Coruña, Pedro Gil Crespo y José Pérez Arda, respectivamente; Luis Gómez Pantoja, que dejó la huella de su labor represiva en Vigo, y Victoriano Pérez Llovera.

El general de División Nicolás Rodríguez-Arias y Carbajo presidió el Tribunal Militar de Valladolid que ratificó el fallo, contando como vocales con Luciano Conde-Pumpido Tourón, cuya firma figuran en varias sentencias de muerte; Francisco Fermoso Blanco, cuyo procesamiento por detención ilegal y crímenes contra la humanidad fue solicitado por el ex-juez Baltasar Garzón transcurridos 53 años desde su muerte, el vicealmirante de la Armada José María Gámez y Fossi, y Emilio de la Cerda y López Mollinedo, miembro de un patronato que venera a una santa y explotador de los presos en varios campos de trabajos forzosos de Andalucía.

En un documento firmado el día 12 de febrero del año 2024, el Gobierno de España, a través del Ministerio de Política Territorial y Memoria Democrática, declara “ilegal e ilegítimo el tribunal que juzgó a D. Francisco Varela Garrido, así como los jurados y cualesquiera otros órganos penales o administrativos que, a partir del Golpe de Estado de 1936, se hubieran constituido para imponerle, por motivos políticos, ideológicos, de conciencia o creencia religiosa, condenas o sanciones de carácter personal, así como la ilegitimidad y nulidad de sus resoluciones”.

Pancho Varela

En el mismo documento, rubricado por el ministro Ángel Víctor Pérez Torres, figura que “se declaran igualmente ilegítimas y nulas las condenas, sanciones o resoluciones dictadas contra D. Francisco Varela Garrido, tanto judiciales como administrativas, producidas por razones políticas, ideológicas, de conciencia o de creencia religiosa, durante la Guerra de España o durante la dictadura posterior” y subraya que “tiene derecho al reconocimiento y a obtener la reparación moral y la recuperación de su memoria personal, familiar y colectiva”.

Pancho Varela nace el día 2 de abril del año 1898 en la Casa do Arco de Cerdedo. Gerardo, su padre es nombrado alcalde de este municipio en 1902. Es un representante del caciquismo, personificado en la figura del marqués de Riestra. Lejos de seguir la estela de su progenitor, sigue con atención los movimientos sociales y políticos que cuestionan un sistema en el que unos pocos privilegiados condenan a la miseria a la mayoría de la población.

Promueve actividades para divulgar el conocimiento del entorno y la creación de un equipo de fútbol, participa en la comisión que organiza el Entroido y habilita un local de su familia para convertirlo en un salón de cine y teatro. Pancho Varela ejerce como corresponsal de El Pueblo Gallego. “Cuando todo es mentira, un asomo de verdad, de sanidad, de buena hombría, es el destello de una joya en el estercolero”. Así lo define el periodista Joaquín Castrillón en El Progreso, en 1928.

“Con gran júbilo me enteré de la idea (…) acerca de la creación de bibliotecas populares y centros culturales”, escribe el mismo año el abogado, escritor y periodista de Cuntis Xohán Xesús González “Cerdedo, por fortuna, empieza a reaccionar, y si a esto unimos el celo e interés que nuestro buen amigo Pancho Varela, activo corresponsal de El Pueblo Gallego, acostumbra a desplegar en asuntos de esta índole, no se hará esperar la reconversión de tan fausta idea en realidad”, añade.

Casa natal de Pancho Varela, Cerdedo

El triunfo de las candidaturas de izquierda y agraristas es aplastante en las elecciones municipales celebradas en 1931: consiguen once de las trece actas. Pancho Varela está afiliado a Izquierda Republicana y es nombrado juez municipal en 1932. Ejerciendo esta función, ordena la detención de varios pistoleros que participan en una procesión que la derecha y el clero quiso convertir en una demostración de fuerza en la calle, donde se queman ejemplares de El Pueblo Gallego.

En 1934 es detenido por apoyar la Huelga General Revolucionaria convocada por los mineros asturianos, el joyero y relojero de Pontevedra Arturo Rey abona la fianza que le permite eludir la prisión, y tribunal que lo juzga lo declara inocente. Entonces compagina su labor con la de secretario en el Ayuntamiento de Latarce (Valladolid).

Dos años después es nombrado secretario del Concello de Cerdedo. “Supongo que cuando recibas ésta ya estará posesionado el Bloque en el Ayuntamiento, y a mí se me ocurre decirte que no sea lo de la otra vez; sin escrúpulos de ninguna clase, debéis desposeer a toda aquella canalla de los privilegios que siempre gozaron”, le recomienda Manuel García Beiro, un cerdedense que se había establecido en A Cañiza, donde se encarga de la dirección de la banda de música.

Cuatro diputados visitan Cerdedo: Alfonso Daniel Rodríguez Castelao (Partido Galeguista), Celestino Poza Cobas (Unión Republicana), el socialista Armando Giance Pampín y el comunista Adriano Romero Chacinero.

El 18 de julio, un sector del ejército se levanta en armas contra la República. La noticia llega a Cerdedo un día después. Varias decenas de vecinos se concentran, armados con escopetas de caza y aperos de labranza, y vigilan los domicilios de los derechistas más destacados. El alcalde es entonces Luciano García Ventín, que da un paso atrás, mientras Pancho Varela lo hace en dirección contraria y es nombrado delegado del Gobierno. El Concello pide la entrega de las armas. El 21, un destacamento de la Guardia Civil, procedente de Pontevedra, asume el poder.

No suenan disparos, no hay víctimas, pero Pancho Varela y otros dirigentes saben que irán a por ellos y buscan refugio en el Monte do Seixo, desde donde logra organizar su huida hacia Monleras (Salamanca), donde Ramón Cachafeiro Varela (hijo de una de sus hermanas) es el contratista de las obras de construcción de una carretera, con la finalidad de atravesar la frontera y refugiarse en Portugal.

Edificio donde se encontraba la farmacia de Monleras

En esta localidad traba amistad con el farmacéutico, Francisco Martín, y a través de un aparado de radio situado sobre el mostrador de su botica trata de seguir el curso de los acontecimientos. Pancho Varela le pregunta “que si no parecía que esas muertes que hacían las autoridades, dejando los cadáveres a los lados de las carreteras, eran muy violentas”. Su interlocutor le responde con evasivas. Ambos juegan habitualmente a las cartas con otra pareja. El 29 de agosto falta a la cita uno de ellos, y aprovecha un paseo para le exponerle el motivo de su presencia, a pesar de que el boticario le pide que no lo desvele. Días después, lo delata.

En la fonda de la tía Tomasa de esta localidad es detenido el día 2 de septiembre y encerrado en una cárcel de Salamanca. Después de haber estado preso en la Escuela Normal de Pontevedra (donde había estudiado Magisterio) y en el campo de concentración de San Simón (Redondela). En abril de 1937 se celebra el juicio. En el sumario de la causa 1306/36 figura una declaración en la que Ramón Cortizo Lorenzo lo califica de “dirigente de masas socialista”. Aurelio Varela Río, O Carrapón,  asegura que “indujo al envenenamiento del vecindario”. Ventura Pérez Alvite, el cura, dice de Pancho Varela que es “el individuo más activo y peligroso del contorno”.

A Ramón Cortizo Lorenzo le había quitado la pistola en la procesión, a Aurelio Varela Río, O Carrapón, lo había denunciado por maltratar a su suegra y a una hija, y a Ventura Pérez Alvitre le pidió, en público, que no cobrase por oficiar el entierro de un indigente al que tampoco su familia cobró nada por los servicios funerarios que le prestó, incluida la estancia del velatorio.

Francisco González Caramés, Majito, lo sitúa en las “izquierdas extremas”. “Un individuo de acción y peligroso, sobre todo desde que se implantó la República”, declara Francisco Cerdeira Gil, el mismo al que el alcalde, Antonio Sueiro Cadavid, firmó una documento avalando su formación para dirigir bandas de música, incurriendo en un error administrativo que le costó el puesto y una multa en una condena firmada por el juez de A Estrada Fermín Bouza-Brey Trillo. Fue entonces cuando asumió la responsabilidad de dirigir el Concello Luciano García Ventín. Haber tenido que abandonar la Alcaldía le permitió seguir vivo.

Plano de la cárcel de Pontevedra donde pasó las ultimas horas de su vida

El defensor de Pancho Varela, Julio Conde, trata de desmontar las acusaciones de las que es víctima: “Es una página digna de figurar en aquellas obras truculentas que bajo el título La policía y sus misterios, tantos ataques nerviosos y desmayos ocasionó entre nuestras románticas abuelas: Que estuvo al frente de diez mil hombres armados con escopetas y pistolas, y en posesión de una pistola de veintidós tiros”, exclama asombrado.

“En Cerdedo no hubo, el 20 de julio, rebelión marxista ni de ninguna otra índole, y los procesados no tuvieron más preocupación que la de hacer respetar el orden, como felizmente consiguieron”, subraya. Pero la sentencia de la Casusa 1306/36 (una referencia que es también el título de un libro escrito por el autor de este reportaje, editado en el año 2018, en el que se basa este relato) ya estaba dictada antes de que comenzase el juicio.

El médico que certifica el fallecimiento de Pancho Varela se llama Hermógenes Abilio Vidal. Es un joven galeno que ejerce su labor en A Insuela (Cotobade) y había participado en la campaña de apoyo al Estatuto de Autonomía de Galicia. Semanas atrás del fusilamiento, en su casa se habían presentado varios componentes de la Guardia Cívica, pero no lo encontraron porque estaba atendiendo un parto en un domicilio próximo. La mediación del deán de la Catedral de Santiago evitó su muerte.

Tres vecinos de Aldán (Cangas): José Gallego Nogueira, O Neno da Camiña, funcionario municipal de 37 años; Antonio Fernádez Fernández, El Pavito,  (32), militante del PSOE y presidente de la Sociedad de Oficios Varios de la UGT, y José Mejuto  Bernárdez, afiliado al mismo sindicato, y José Meis Martínez, un maestro de Seixo Marín, también con el carné del sindicato socialista, acompañan a Pancho Varela cuando los soldados levantan los fusiles y disparan. Cinco asesinatos.

Lauda que recuerda a Pancho Varela en el Campo das Laudas (Meilide-Cerdedo)


 

 

la sombra de los días
3/26/2024
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